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Torreón de don Jacinto, entre Colmenarejo y Galapagar.

Salimos de casa con una espesa niebla. Una insólita y misteriosa atmósfera nos rodeaba, todo se volvía especial, como si estuviéramos en otra latitud, incluso en otro planeta.

Llegamos al punto de partida de la convocatoria, nos encontramos las y los camineros con ganas de disfrutar esta jornada en común, que prometía ser peculiar desde su inicio. Es muy grato encontrarte con los amigos que, desde hace muchos años, compartimos caminos, conocimiento del entorno y detalles de nuestro patrimonio natural y cultural. Afortunadamente, la Sociedad Caminera hace una excelente labor de divulgación de la herencia común de nuestros ascendientes, sobre cómo vivieron y qué respuestas dieron a sus dilemas.

Eulalia, la presidenta de nuestra asociación, nos dió la bienvenida a la ruta que dirigiría Rosa Serrano. Yo misma comenté, según un acuerdo de la Junta Directiva, algunas de las últimas actuaciones en las que nuestra asociación ha intervenido, como las alegaciones al Plan Parcial de la Majada de las Monjas en Becerril de la Sierra: https://sociedadcamineradelreal.org/alegaciones-plan-majada-monjas-becerril/

También comentamos algunos de los graves problemas en los caminos en nuestro territorio, como la imposibilidad de acceder al Bien de Interés Cultural (BIC) de la Presa del Gasco. La propiedad de la Finca la Isabela ganó un pleito al Ayuntamiento de Las Rozas, sobre la descripción del camino público que atravesaba su finca. El Juzgado de lo Contencioso Administrativo estimó que no estaba probado el itinerario del camino, (el que a través de un expediente de investigación, fue aprobado por el Ayuntamiento). Nos parece escandaloso que el acceso a un BIC como la presa del Gasco, que, además pertenece a tres ayuntamientos: Las Rozas, Galapagar y Torrelodones, permanezca cerrado, ya que la finca de la Isabela ha depositado bloques de hormigón en el camino.

El domingo 22 de marzo, realizaremos una jornada reivindicativa junto con la PICP, en la que reivindicaremos acceso público a la Presa del Gasco. Pedimos a las y los socios, máxima difusión e implicación en esta jornada, para que trascienda a la opinión pública la importancia de mantener los caminos públicos libres al paso, así como el acceso a los BIC.

Sin entretenernos más, comenzamos a caminar por la Colada Real de las Merinas del Camino de Madrid, hasta llegar a Cuesta Blanca, un mirador muy aconsejable, que en las condiciones meteorológicas del día, no pudimos apreciar, aunque se adivinaba el singular mirador entre las formaciones graníticas.  Un poco más atrás, en el verano se sitúa un enclave de vigilancia forestal.

Regresamos hasta la Colada para seguir por el Cordel del Hoyo o Vallelargo, dejando a nuestra izquierda Los Ranchos y dirigiéndonos hacia el Torreón de Don Jacinto Benavente.

La borrina (niebla) que dirían los astur-leoneses, nos acompañaba, a nuestra derecha una larga y espectacular valla de piedra seca (parcheada en algunos tramos con remiendo de piedra y cemento que atentaban contra la belleza y armonía del “arte de la piedra en seco” declarada patrimonio cultural inmaterial por la UNESCO en noviembre de 2018 El arte de la piedra en seco). Dentro de la finca rodeada por la valla de piedra, se encuentran los altos de Galapagar, cerro de 941 metros de altitud. En derredor, un paisaje típico de nuestro entorno, encinas, retamas, pinos… y afloramientos de granito descarnado asomando que salpicaban el camino abrazado por la contumaz niebla.

Continuamos hasta llegar a una desviación a nuestra derecha que nos conduciría al Torreón de don Jacinto. Nos acogieron muy amablemente, como hicieron hace diez años.

Don Jacinto, nació en 1866, fue empresario de circo y un prolijo escritor, que recibió el premio Nobel de literatura en 1922. Compró la finca donde nos encontrábamos. 

El torreón se construyó como torre de telégrafo óptico reforzando la Torre de telégrafo de Torrelodones, inutilizada muchos días, al ser frecuente que la torre del telégrafo de esta población estuviera invalidada por la niebla. Este era un sistema de comunicación mediante señales ópticas transmitidas a través de una línea de comunicación compuesta por varios puntos de transmisión visibles entre ellos; estos  mensajes estaban codificados, con sistemas de verificación en la transmisión y en la recepción entre cada punto intermedio. Este sistema se remonta a 1844, cuando el Gobierno encarga a la Dirección de Caminos la construcción de una red telegráfica entre capitales de provincia. La línea principal, enlazaba Madrid con Irún, a través del Puerto de León, Valladolid, Burgos, Vitoria y San Sebastián, mediante 52 torres. Sin embargo, la duración del Telégrafo óptico en España fue de nueve años, ya que rápidamente se adoptó el sistema de telegrafía eléctrica ( Morse); en 1854 hay constancia de los primeros telegramas.

Hace una década Sergio (actual dueño del Torreón) grabó esta secuencia donde Alberto, caminero desde hace muchos años, nos relataba anécdotas de Jacinto Benavente, deleitándonos con episodios donde se hacía patente la mordacidad de nuestro autor, de ingenio agudo, tal vez afilado a su paso por una vida llena de obstáculos.

Paseamos luego por los jardines del Torreón, observando cuando se abrían las nubes el manto blanco que descansaba en las faldas de las montañas de nuestra sierra de Guadarrama.

Después de “posar en la escalinata del Torreón”, verificando las huellas del tiempo transcurrido y los acontecimientos vividos, regresamos al camino, agradeciendo a Sergio, portavoz del Torreón de don Jacinto, su amable hospitalidad.

Regresamos por el camino recorrido cuando la mañana nos obsequiaba con algún claro, mientras que las nubes galopaban sobre nuestras cabezas. De vez en cuando los destellos de luz nos sorprendían regalándonos un espectáculo radiante. Ascendíamos un pequeño desnivel para admirar la vista de la hondonada de Galapagar, la Navata, quizás algo de Torrelodones, coronado por la falda de nubes que ocultaban el contorno de nuestras montañas.

La vida, las plantas, la tierra del camino, las rocas, el musgo… se transmutaban en otros seres a la fugaz sacudida de los rayos del sol. La luz dotaba de otra vida todo a nuestro alrededor. Siempre me admiro del lugar en que vivimos y las mutaciones que sufre, dependiendo no solo del clima y de la luz, sino de nuestro estado para percibir las pequeñas cosas importantes.

Continuamos desviándonos por otro camino celebrando la suerte de contemplar el mismo paisaje con facetas tan diferentes.

En fin continuamos alborozados, como niños pisando charcos, hasta regresar al punto de partida.

Por último, antes de despedirnos Manuel Chamorro de la Comisión de marchas nos explicó detalles de la próxima, cuyo destino es Colmenar de Oreja, allí nos esperan gratas sorpresas.

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