Ruta por Torrelodones 2026
Recorrido por el arroyo de la Trofa y las lindes de Torrelodones con el Pardo y Hoyo de Manzanares.
La mañana nos prometía una jornada estupenda. Tardamos un poco en reagruparnos y José Ignacio Cascajero Carnicer, socio caminero que nos acompaña e ilustra en numerosas marchas, como en esta ocasión, nos explicó los pormenores de la ruta.

Avanzamos acompañando el curso del arroyo de la Trofa después de su remanso en el embalse de los Peñascales hasta su linde con Las Rozas y comenzamos a subir hasta descubrir un resto de la guerra ocasionada por el golpe militar del general Franco contra la legalidad establecida; una trinchera con dos nidos de ametralladoras. En Torrelodones, quedan algunos vestigios de la lucha de esos años:
- el palacio del Canto del Pico, que fue sede del Estado Mayor del Ejército Republicano durante la Batalla de Brunete.
- Casa Panarras, puesto de mando del 18 Cuerpo de Ejército que también participó en la batalla de Brunete.
- Cantos Negros
Esta posición donde nos encontrábamos era parte de lo que llamaban “carreteras guardadas”; vigilaba y protegía la carretera de Torrelodones a Fuencarral. La carretera se metía en el Pardo y llegaba a Fuencarral y «garantizaba» el acceso a Madrid, ya que la carretera de la Coruña era más peligrosa al estar una parte de la calzada en manos del ejército golpista. Por eso, para acceder a Madrid con mayor seguridad cogían la carretera del Pardo. Había otras carreteras guardadas -podemos leer el artículo de Ernesto Viñas sobre la guerra en Torrelodones:
https://memoriarepressiofranquista.blogspot.com/2014/06/torrelodones-durante-la-guerra-civil.html
– El itinerario de llegada al campo de batalla para el V cuerpo de ejército tendrá 98 kilómetros de recorrido, pasando por: Madrid – Fuencarral – Alcobendas – San Sebastián (ya no de los Reyes) – San Agustín de Guadalix – Colmenar Viejo – Manzanares (ya no el Real) – Cerceda – Moralzarzal – estación de Villalba – Galapagar – El Escorial – Valdemorillo.
– El itinerario de llegada al campo de batalla reservado para el XVIII cuerpo de ejército tendrá 68 kilómetros de recorrido, será: Madrid – Fuencarral – El Pardo – casa de Navachescas – Torrelodones – Galapagar – Colmenarejo – Valdemorillo.
– El itinerario de vuelta a Madrid desde el campo de batalla será común para ambos cuerpos de ejército y pasará por: Colmenarejo o El Escorial – Galapagar – Torrelodones – Hoyo de Manzanares – Colmenar Viejo – El Goloso – Fuencarral – Madrid. Para el V cuerpo este recorrido supone 70 kilómetros y para el XVIII cuerpo, 74.
Los itinerarios señalados se consideran “carreteras guardadas”, lo que seguramente significa que quedan bajo la exclusiva autoridad militar. Las que pasan por Torrelodones son las siguientes: Fuencarral – Torrelodones por El Pardo (37 kilómetros), Torrelodones – Valdemorillo (21 kilómetros) y Torrelodones – Colmenar Viejo por Hoyo de Manzanares (22 kilómetros).
La trinchera estaba muy colmatada, ya que tendría entre metro y medio casi dos metros de profundidad.

Continuamos la ruta, ascendiendo, escoltados a nuestra derecha por el muro que separa Torrelodones con El Pardo. Ya apretaba don Lorenzo, que nos honraba con su poderío.




En medio del ascenso, paramos en una sombrita y nuestro guía, nos explicó las diferentes teorías sobre la procedencia del nombre de Torrelodones.
Observamos un lodón o almez, nos contó que pueden llegar hasta 30 metros de altura, con una cortez muy fina, prácticamente inexistente, las hojas más o menos aserradas, los frutos son pequeñas bolitas que se llaman almecinas, son comestibles cuando todavía no están totalmente maduras y que en el sur sobre todo en la parte de Málaga los niños antiguamente utilizaban como munición para dispararlos a través de un canuto en combates de pandillas, tirándoselos unos a otros. El nombre de Torrelodones no parece que sea por los árboles, ya que no son frecuentes en el término municipal y tampoco lo fueron en tiempo remotos, según un estudio de la Universidad complutense de 2019 sobre la vegetación y flora de Torrelodones: los lodones aparecen poco y probablemente sean procedentes de Plantaciones o semillas procedentes de jardines. Por ello estos árboles no parecer la causa del patronímico (torrencinas, torrefresnos…)
Otra teoría que nos expuso, se refería a Tirso del Odón (nombre del personaje que habitaba en la torre con su familia en la edad media), según la leyenda degolló a sus hijos y el lugar tomó el nombre de Torrelodon.
Otra versión sobre el patronímico se refiere a siglos después que la llamaban Torre Ladrones, decían que tenía 25 vecinos y 50 ladrones (en referencia a los mesoneros, ya que era cruce de caminos, además es nombre Torre Ladrones figura en alguna cartografía antigua.
Por fin, la última especulación, aunque pareciera la más probable, se refiere a los lodos que se hacían al confluir el arroyo del piojo (arroyo de la Torre). Lodo-Lodón-lodos-lodones, por los grandes lodones que se formaban hacia lo que se llamaba la carretera de Valladolid (hoy carretera de la Coruña.)
Paramos ya de tanta especulación, sobre el origen del nombre de Torrelodones y terminamos de ascender hasta la Puerta del Hito De el Pardo. Allí Ignacio se extendió sobre El Pardo.
Pudimos comprobar la solidez de la construcción de la cerca del Pardo, de casi 100 km, que se levantó por mandato de Fernando VI (1753) para contener la caza y evitar, tanto el furtivismo, como las elevadas indemnizaciones, que año tras año se veía obligada a pagar la casa real, a los municipios colindantes.
Es un espacio natural de extraordinario valor ecológico, considerado el bosque mediterráneo más importante de la Comunidad de Madrid

y uno de los mejor conservados de Europa. Cuenta con unas 16.000 hectáreas, de las cuales, sólo unas 1.000 son de acceso público (Patrimonio Nacional tiene publicados en su página web dos recorridos).
Es un bosque mediterráneo continental, con relieve suave, sobre la vega del río Manzanares, que lo atraviesa de Norte a Sur El arroyo de Trofas, de hecho, desemboca en el Manzanares. La relación con la Casa Real, documentada desde la conquista de Madrid por Alfonso VI (1083-85), ha permitido la extraordinaria conservación del monte, pero también, ya en el siglo XX: Manuel Azaña, presidente de la Segunda República de España, lo preservó de algunas iniciativas urbanísticas, según se desprende de sus Diarios.
En 1970 se construyó el embalse del Pardo, para evitar que el agua del manzanares inundara Madrid. El Pardo (color pardo de la tierra) y también se dice que xq había osos pardos como cita “el Libro de la Montería, encargado por Alfonso XI de Castilla, menciona a Madrid como un “buen emplazamiento para el puerco y el oso”, fue D. Gonzalo Argote de Molina, humanista coetáneo, quien retrató a Felipe II como el último príncipe que cazó osos en El Pardo. Ante su escasez y los nuevos gustos palaciegos, la montería del oso perdió interés en favor de la del ciervo.



Continuamos para hacer una parada en el hito de los tres términos: Torrelodones, El Pardo y Hoyo de Manzanares.





Seguimos adelante dejando a nuestra izquierda la finca de El Pendolero; es una finca privada ahora porque en el siglo XIX, en 1855 a consecuencia de la desamortización de Madoz, sacan todas las propiedades públicas a subasta para que pasaran a manos privadas. Hay un estudio de Vicente Moreno de Lazo, Doctor en Historia de la Universidad de Complutense dice que el término municipal de Torrelodones 1200 hectáreas eran de propiedad pública, es decir del ayuntamiento de los vecino, es el 56% del término municipal; los vecinos tenían acceso a las fincas para obtener la leña para la cocina y calefacción, los pastos para las cabras y ovejas y para cazar conejos, liebres, jabalíes, corzos que eran necesarios para sobrevivir.
Al terminar el desamortización quedan solamente 15 hectáreas en manos del Ayuntamiento era la Dehesa Boyal de Torrelodones y que posteriormente también fue vendida, o sea que en Torrelodones desapareció prácticamente el 98,9% del territorio del terreno público que había en el término municipal.
La compra de las fincas se hacía en subasta pública, en 1855 se vendió la Berzosilla, el Hito, Arroyo de Trofas, Fuentebonete, Carboneros, la Solana, el Berrueco, el Gasco, el Enebrillo, Cerro de las Colmenas, Cantos Negros, etc. prácticamente todo.
Pero los nombres de las familias con poder (Conde de las Almenas, marqués de Brunete, ni el sr. duque de Ahumada) sus nombres no aparecían en las compras, sino que mandaban a sus testaferros, que luego les cedían , amablemente, las fincas. Así, Nicasio del Pozo, compró Cantos Negros y el Bañadero, Francisco Rodríguez, compró el Enebrillo, Anastasio Rubio el Arroyo de Trofas, etc, etc, etc.
El valor del terreno subastado (siglo XIX) era de 97.400 pesetas y se vendió por 146,000 pesetas es decir un nuevo beneficio de 48.000 pesetas que van a parar al Estado que lo revertía, se supone, entre los propietarios del terreno: ayuntamientos, órdenes religiosas, etc. Es decir, las fincas pasaron a manos particulares (alta burguesía madrileña, industriales y nobleza) por cuatro pesetas.
Estas familias que detentaban el poder madrileño, utilizaron las fincas como símbolo para ampliar la imagen de su poderío haciendo cotos de caza, invitando a aquellos que querían deslumbrar. A través de sus dominios y los palacetes en los que convirtieron algunas casas con excelente mobiliario, bibliotecas, incluso colecciones de arte.
En 1885 había un tren que llamaban «El tren de los cazadores” que salía de la estación de “el norte” el sábado por la tarde para que el amanecer del domingo empezará el ojeo para volver después de la comida. En una guía de viajes a El Escorial, también a 1885, se detallaba el trayecto en ferrocarril :”… la siguiente parada a dos km de las Matas, a 8 de Las Rozas y a 26 de Madrid y 25 del Escorial está el apeadero de Cantos Negros donde hacen los trenes una detención de un solo instante para que suban o bajen los cazadores, sigue su ruta undiéndose en el corazón de la Sierra por medio de un túnel, llegando luego a Torrelodones, el pueblo oculto detrás de un cerro, tiene 79 casas 295 almas y una fuente muy rica de aguas y el río Guadarrama. Es decir que el acceso a estas fincas era por el apeadero de Cantos Negros que pudiera ser lo que ahora es la estación de los Peñascales.
Más tarde, perteneció a la familia de Antonio Maura primer presidente en la época de Alfonso XIII; se construyó en 1911 y tuvo su momento de esplendor entre 1911 y 1931. Por aquella época concurrían sus estancias la flor y nata de la sociedad: diplomáticos, políticos, actores, artistas, etcétera. En esos tiempos se enriqueció con obras y mobiliario modernista y una de las bibliotecas más importantes con 5,000 libros.
La finca fue talada obligatoriamente por la reforma agraria de la República, por eso no vamos a encontrar grandes Encinas. En la guerra se convirtió en hospital de campaña. En 1939 vuelven los dueños, exiliados en Francia desde la República y la casa se convierte en casa del recreo. A partir de 1971 la aprovechan como escenario de películas: 10 películas, la más famosa fue mamá cumple 100 años y Ana y los lobos de Antonio Saura. Últimamente la familia forma una empresa dedicando la finca a eventos: bodas, bautizos, comuniones… ..etcétera
https://es.hispanopedia.com/wiki/Sierra_de_Hoyo_de_Manzanares
Vicente Moreno Ballesteros La desamortización Madoz Colmenar Viejo Tesis doctoral
https://elponderal.wordpress.com/wp-content/uploads/2023/07/cuaderno-29-10.pdf
https://www.torrelodones.es/torrelodones/historia/s-xix-un-siglo-tormentoso
Los cazaderos de Madrid, A. Ortiz de Pinedo
La vegetación del entorno son Encinas, enebros, jaras, tomillos, cantueso, … una vegetación que está adaptado al clima continental- mediterráneo
Al fondo, se ve la sierra de Hoyo; el pico/vértice el Estepar en el paraje o cerro de la Mira, y se encuentra a 1402 metros, la máxima altitud de la sierra de Hoyo. Las siguientes cumbres que asoman son la propia Tortuga (1368 m), Canto Hastial (1374 m), Peñacovacha (1352 m), Silla del Diablo (1366 m) o los Campanarios (1342 y 1345 m, cada uno) a la izquierda de todo es el último pico se llama el Picazo (1268 m).
También hay poblaciones de fresnos junto a los arroyos y riachuelos que surcan la sierra. En las zonas donde el bosque ha sido más degradado, los bosques han sido sustituidos por arbustos (la jara pringosa, la retama…) y plantas aromáticas, como el cantueso, el tomillo y el romero.
En referencia a la fauna, las aves ocupan un lugar destacado. Córvidos como los rabilargos, rapaces como las águilas calzadas, los ratoneros y los milanos y carroñeros como los buitres leonados se unen a otras especies como abubillas y abejarucos. En cuanto a los mamíferos, los principales pobladores son el jabalí, el conejo y, en mucha menor medida, el zorro, la gineta y el lirón careto. Al pie de la sierra se forman charcas temporales, donde se reúne una interesante fauna anfibia, con especies como la rana común, el sapo común, el sapo corredor, el sapo de espuelas, el sapo partero, el tritón pigmeo y el gallipato.
Llegamos al encuentro del arroyo de la Trofa, una bonita parte de la ruta con bosque de galería típico, es el conjunto de árboles vinculados estrechamente a las riberas de los ríos. Bosque en galería o bosque de ribera son denominaciones de la formación vegetal caracterizada por su vinculación a la ribera de un río o de un cauce. Su vegetación se califica de riparia (adjetivo propio del sustantivo ribera) sus necesidades de agua se cubren fundamentalmente por la humedad del suelo, por lo general crece frondosamente y, dan cobijo a gran cantidad de animales y particularmente de aves. El nombre de galería proviene del hecho de que su vegetación cubre el río o el cauce formando una especie de túnel como en la galería de una mina, se identifican claramente en el paisaje por ceñirse al curso hídrico, formando un pasillo o corredor completamente distinto al resto de la vegetación en color y altura, además pueden mantener especies caducifolias en climas con sequía como el clima mediterráneo.
Disfrutamos mucho de nuestra incursión en el bosque de galería, en un drástico contraste con Las encinas, enebros, jaras, retamas de la primera parte de la ruta. Pareciera una incursión de la selva tropical, o en otro planeta, aquí mismo a los piés de la sierra de Guadarrama
Llegamos al final de la ruta, agradeciendo a Ignacio y a la Sociedad Caminera del Real de Manzanares, no solo por los días que disfrutamos de las excelentes rutas, sino por el contexto histórico, botánico y faunístico que nos trasladan, con el convencimiento de que a través de la divulgación encontraremos fuerzas para preservar nuestra riqueza natural e histórica.





































