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Colmenar de Oreja 2026

Crónica realizada por María José Calvo y Manuel Chamorro

El domingo 22 de febrero amaneció con vocación primaveral, todo un regalo tras semanas de cielos grises. A las diez en punto, los socios de la Sociedad Caminera del Real de Manzanares nos dimos cita ante el Museo Ulpiano Checa, en pleno corazón histórico de Colmenar de Oreja. Cada cual llegó por su cuenta, pero el ánimo era compartido: disfrutar de cultura y naturaleza, combinación infalible para cualquier caminero. 

El museo, instalado en la evocadora Casa de los Siete Patios y rodeado de jardines silenciosos, custodia desde 1960 la memoria del pintor Ulpiano Checa (1860-1916). Surgió de un acuerdo municipal de 1945 y enriquecido con la generosa donación de sus hijos, Carmen y Felipe; el centro se ha convertido en el principal depositario de su obra. Ampliado en 1993 y 2004, triplica hoy sus espacios expositivos y ofrece un recorrido sólido por la pintura histórica y orientalista que dio fama internacional al artista. 

Guiados con precisión y entusiasmo por José Manuel Sancho, pudimos contemplar algunas de las obras más importantes y aclamadas del artista, cuya obra se caracteriza por el dinamismo, el detallismo histórico, el dominio de la anatomía y una fuerte carga narrativa. Nos detuvimos ante la vibrante Carrera de carros romanos, donde los caballos parecen desbordar el lienzo en una explosión de polvo y tensión; contemplamos el dramatismo de La invasión de los bárbaros y la teatralidad casi cinematográfica de Los últimos días de Pompeya. Entre escenas orientalistas, carteles y delicadas esculturas de pequeño formato —caballos tensos, figuras en pleno movimiento— se confirmó la impresión general: Checa pintaba como quien narra una epopeya. 

Tras el viaje artístico, la ruta urbana tomó el relevo bajo la batuta de Manuel Chamorro. Colmenar de Oreja, declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico en 2013, se desplegó como un libro abierto: la sobria fachada del Convento de la Encarnación de Agustinas Recoletas (1636); la monumental Iglesia de Santa María la Mayor (que alberga tres monumentales frescos de Ulpiano Checa: La Anunciación, La Presentación de la Virgen en el templo flanqueando el altar mayor, y San Cristóbal (junto al órgano), uno de los edificios religiosos más importantes del siglo XVI de la Comunidad de Madrid donde dialogan gótico y renacimiento.

La Fuente de los Cosecheros en la Plaza del Mercado (1918); y, sobre todo, la Plaza Mayor, levantada entre los siglos XVII y XVIII sobre el barranco del Zacatín, con sus soportales pétreos y galerías de madera.

El cercano Puente del Zacatín nos condujo hasta los Jardines y la Fuente del Barranco (1779), ejemplo elocuente de la arquitectura popular del agua, donde un solo caño vierte sobre una amplia caja cubierta por un entramado de losas apoyadas sobre arcos románicos, desde la que pasa el agua a otro pilón descubierto y luego a otro para dar servicio a varios usos: toma de agua directa para la bebida, abrevadero y lavadero. 

En los jardines del Zacatín comienza la Senda de la Vereda del Santo Cristo, que en su inicio discurre por encima del Puente del Pilarejo, junto a la fuente del mismo nombre, hasta llegar a la Ermita del Santísimo Cristo del Humilladero (siglos XVI y XVIII), que se encontraba abierta y podía ser visitada. Nos adentramos en el pequeño pinar y zona recreativa del parque del Santo Cristo, donde se inicia la vía pecuaria y Camino Natural del Tajo, ambos señalizados, hasta detenernos junto al muro del Cementerio de Santa Catalina. Carlos Sanjuan nos puso al día sobre las reivindicaciones en curso en las que la Sociedad Caminera está trabajando, y anunció la convocatoria del Día de la Vías Pecuarias y los Caminos Públicos el domingo 22 de marzo de 2026. El camino transcurre en su inicio entre olivos y viñedos hasta cruzar la carretera CM-322, junto a un secadero de ajos (producto típico de esta comarca). 

En este punto Ramón nos habló del esparto –Stipa tenacissima, la humilde atocha- y de sus usos: cestería, cuerdas, capachos para las almazaras de aceite y calzado. El hilado de esparto fue uno de los principales medios de subsistencia y actividad artesanal en Colmenar de Oreja y, en junio de 2025, se declaró el hilado tradicional del esparto como Bien de Interés Cultural (BIC) del Patrimonio Inmaterial en la Comunidad de Madrid. Reiniciada la marcha se empieza a vislumbrar el barranco del arroyo de Valdepinar, y algo más lejos la depresión del Valle del Tajo en el que desemboca el arroyo por su margen izquierda, ya en tierras toledanas. La ruta prosigue hasta la Fuente de Valdegredero, donde realizamos una breve pausa, para proseguir hasta el Mirador de los Barrancos, “a la sombra de los pinos”. Un cartel que incluye una fotografía panorámica, algo deteriorada, nos permite conocer los principales accidentes orográficos y unidades del paisaje que desde aquí se pueden contemplar. Bajo unos olivos en un bancal aterrazado por encima del mirador localizamos a lo lejos la fuente de Valdepinar y frente a nosotros el Pinar de la Encomienda Mayor de Castilla. Graveras y regadíos jalonan los meandros del Tajo en la lontananza, en dirección suroeste. A pesar de encontrarse relativamente cercanos las ruinas del castillo de Oreja, el Embocador y Acequia Real del Tajo en Aranjuez, y la Laguna de las Esteras (humedal protegido), esta última cerca del municipio de Villaconejos; el cerro situado frente a nosotros en la margen opuesta del arroyo de Valdepinar nos impide su contemplación. La vegetación predominante del municipio la integran olivos, vides, pino carrasco y matorrales, salpicada por algunas huertas.  

El regreso nos llevó de nuevo a la fuente de Valdegredero, desde donde ascendimos por un pequeño sendero hacia el páramo, para llegar de nuevo al cruce de la carretera antes mencionado y retomar el mismo camino de la ida. El calor que apretaba en los tramos finales de la ruta, mientras divisábamos a lo lejos la torre de la Iglesia de Santa María la Mayor, no restó entusiasmo a los camineros.

Algunos prolongaron la convivencia en distintos restaurantes: Casa Pepe, célebre por sus tapas y su carne al desarreglo, el Restaurante Crescencio, con un menú degustación Colmenarete y vinos de la tierra, o el bar Tomate2, todos ellos junto a la Plaza Mayor. Otra opción fue disfrutar de unos bocadillos en la chopera junto a la Fuente de los Huertos y la ermita de San Isidro, que remeda un horno de cocer tinajas con arquitectura moderna. Unos y otros disfrutamos de un “sabroso” epílogo a una jornada que combinó arte, historia y paisaje con la armonía de las mejores excursiones.  

  • Fotos de M. José Calvo y Miguel Pascual.