Canteras de Alpedrete
El pasado domingo 14 de diciembre nos encontramos, las y los camineros, para disfrutar de la última marcha del año.
Parece mentira, el tiempo pasa volando, hace apenas un instante, dábamos la bienvenida a 2025 y ahora se confina en el territorio de nuestros recuerdos. Fantástica suerte en nuestro haber, tener recuerdos gratificantes que nos animan a seguir caminando y a disfrutar de cada día que el destino nos regala.


Al margen de las disquisiciones típicas en fin de año, centrémonos en el domingo. El plan era sumergirnos en la preciosa dehesa de Alpedrete, recorrer sus canteras de granito, y conocer el impacto social y de biodiversidad que éstas tuvieron y tienen en el medio natural.
De la mano de Miguel Pascual, que fué nuestro guía e intérprete de los hitos históricos y presentes de la dehesa, comenzamos el recorrido, en un día que anunciaban nublado y con posibilidad de lluvia. Sin embargo, la mañana no podía ser más luminosa y prometedora en esos momentos. Según avanzábamos, el paraje parecía inspirar la fuerza de las campiñas de van Gogh, eso sí, los olores a hierba y rocío, corrían a cuenta de nuestro acervo particular.



Después de un trecho, parte de él con un hermoso vallado de piedra seca a nuestra izquierda, una vez alcanzada la dehesa, llegamos a un lavadero construido con piedras de las canteras en los años 50, que aunque ahora está restaurado, estuvo en uso hasta los 70.

Miguel nos comentó importantes detalles sobre su uso. Las lavanderas utilizaban el compartimento Inferior para el primer lavado de la ropa sucia, el mediano era para ropa no muy sucia o segundo lavado y el superior sólo se podía utilizar para el aclarado de la ropa. Protocolo en el que no hubiera caído la que os relata ya que usa la lavadora. Estos lavaderos eran primordiales en verano cuando los pozos solo daban agua para beber y había que acotar al máximo su uso doméstico. Hay que recordar, que en España, no se generalizó el agua corriente en los domicilios hasta los años 60, 70 y más allá, dependiendo de las zonas.



También nos relató que este arroyo Tablero, daba también agua para huertas en sus márgenes en los años 30/40 con un sistema de pozas. Ahora, nos parece inverosímil en medio de la constatación e incertidumbre de este cambio climático.
Proseguimos la marcha, encontrándonos con la cantera de Ochando, la de Antonio Montalvo. Esta última la pudimos observar desde el lado sur, con una plataforma de acceso desde la que se trabajaba y se cargaban los bloques y también desde el lado norte.


En la cantera de Guillermo Elvira se distinguían las huellas de los barrenos hechos a mano.
El nombre de las canteras se refería a las familias a las que el ayuntamiento había adjudicado la concesión y cuya explotación se heredaba de generación en generación, ya que la dehesa es patrimonio público del Ayuntamiento de Alpedrete y éste adjudicaba la concesión de la explotación de las canteras entre las solicitudes de los vecinos, y fue origen de numerosos problemas.





Recorrimos otras tantas canteras diseminadas por la dehesa.
También nos explicaron las diferencias entre las dos principales afloramientos superficiales del granito en esta dehesa: Piedra berroqueña, de tono azulado, presentando tonos rojizos en la parte alta con mayor concentración de hierro y la piedra “cañariega”, más rubia o dorada. Ambos granitos de grano fino, apreciados en la construcción de edificios y calles.
Las canteras se inundaban habitualmente por el alto nivel freático y la lluvia, lo que obligaba a bombear agua para trabajarlas.

En una de ellas vimos diferentes trabajos de cantería.

El sol iba y venía proporcionándonos transformaciones luminosas a un entorno de armonía que transmitía placidez y sosiego.


Llegamos a una pequeña cantera con una curiosidad, al margen de su belleza, se realiza un experimento científico. Se han recogido diferentes muestras tratadas en laboratorio de diferente forma y se registra su nivel de colonización por diferentes organismos a la intemperie. El objeto es estudiar su impacto en la piedra e investigar los tratamientos más efectivos para conservar el granito en monumentos, fachadas, etc.

Continuamos nuestro recorrido por la dehesa, salpicada de canteras convertidas estacionalmente en humedales con una rica biodiversidad. En una de ellas, Cosme Morillo, socio veterano de esta Sociedad nos explicó que las ranas habitan en el agua durante todo el año, mientras que los sapos solo están en el medio hídrico para su reproducción.





Miguel aderezaba las paradas con el contexto histórico de las canteras, comentaba que en 1920, en Alpedrete, trabajaban la piedra más de 400 personas, que sacaban o cortaban más de 4.000 adoquines/día. En años 60/80 prácticamente todo el pueblo trabaja la cantería. Había numerosos talleres para trabajar la piedra, en canteras y en el polígono. Actualmente solo hay una cantera abierta con muy poca extracción. Ahora, la piedra, mayormente, se importa desde Brasil, la alquimia del capitalismo hace que sea económicamente más rentable traes toneladas de piedra desde el otro lado del mundo.

Encontramos también algunos chozos de piedra


En el camino encontramos un tocón en el que se podían distinguir las numerosas setas que el hongo que descomponía la madera, echaba para su reproducción, como nos hizo notar Ramón García Ada.
Finalmente se habló de la Dehesa Boyal, ecosistema modificado por la acción humana a partir del bosque original, primordialmente encinar, para su aprovechamiento ganadero, configurándose un espacio más abierto con pastizales, árboles diseminados y arbustos.
Estos humedales de Alpedrete, están incluidos en el Catálogo de Embalses y Humedales de la Comunidad de Madrid desde una fecha reciente, mayo de 2023, cuando se reconoció su importancia en al biodiversidad de nuestra comunidad. Especial mención a anfibios: Sapo partero ibérico, Sapo común, Sapillo pintojo ibérico, Sapo corredor, Ranita de San Antón ibérica, Sapo de espuelas, Rana común, Tritón ibérico, Gallipato…
Reptiles como Lagarto ocelado, Lagartija hispánica, Lagartija colilarga, aves asociadas a humedales y aves de presa de la sierra de Guadarrama.
En fin pasamos un día genial y para despedir la marcha algunos fueron a ver un taller de miniaturas que se ubica en el municipio de la mano de Carlos Sanjuán, otros fueron a ver el museo de la cantería del municipio y algunos otros, despidieron el año tomando un buen piscolabis.
Nos despedimos para el próximo reencuentro en 2026 que ya deja sentir su proximidad.

