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Cabeza Reina 2026

Crónica de una marcha truncada por los cazadores.

Nos encontramos los camineros en el punto indicado complacidos con ese fresquito mañanero que tanto habíamos añorado en el infinito verano que estábamos atravesando.

Nos saludamos después del parón estival, con ganas de empezar nuestras marchas mensuales, esas jornadas en las que compartimos la satisfacción de disfrutar de nuestro patrimonio natural, sentir, oler, percibir la tierra donde nos anclamos, y conectarnos, no sólo entre nosotros, sino con las especies (fauna y flora) que nos acompañan, con el objetivo de colaborar con la vida y contribuir a que las generaciones futuras humanas y de animales disfruten, al menos como nosotros, de este legado natural.

José Ignacio Cascajero Carnicer nos conduciría en esta ocasión; inició la introducción enmarcando el lugar en sus valores naturales, estábamos en la Reserva de la Biosfera del Real Sitio de San Ildefonso-El Espinar y el Parque Natural Sierra Norte de Guadarrama. Las Reservas de la Biosfera son espacios reconocidos por la UNESCO por su valor en la conservación de la biodiversidad y como modelos de desarrollo sostenible, sin embargo no tienen respaldo legislativo, son figuras, hasta ahora, meramente declarativas. El parque Natural es una figura de protección que pretende garantizar sus especiales características biológicas o paisajísticas. Está dentro del ZEC y ZEPA «Sierra de Guadarrama» (Zonas Especiales de Conservación y Zonas de Especial Protección para las Aves). Tenemos la suerte de que el lobo ibérico campea por estos lares, así como el águila imperial ibérica, el buitre negro, el milano real, etc. Respecto a la flora, el melojo, roble, el pino piñonero y el resinero son las grandes especies más abundantes.

Comenzamos a movernos hacia el camino de las Asperillas. Un poco más adelante nos introdujimos por el camino de los Carboneros, al inicio del mismo, vimos una señalización de una montería con fecha del pasado sábado 26, según anunciaba el cartel sin ningún sello ni autorización de la Junta de Castilla y León o del ayuntamiento de El Espinar.

Iniciamos la ascensión por el camino hasta que Ignacio hizo una parada para ilustrarnos sobre el noble trabajo del carbonero. El carbón se utilizaba como ya se ha dicho para la industria y para la calefacción de las viviendas. Los carboneros también eran conocidos como fabriqueros o montaraces. Solían ser las personas más humildes de los pueblos, sin ganado ni cultivos, dedicándose casi exclusivamente a carbonear. El proceso era el siguiente, los ayuntamientos y dueños de parcelas subastaban los robles a subasteros, normalmente de Madrid o Segovia. Éstos contrataban a cuadrillas en los pueblos, lideradas por un encargado que reunía a la gente sin ocupación para hacer el carbón.

El proceso de fabricación del carbón comenzaba en el mes de septiembre, cuando la cuadrilla subía al monte. Se cortaba la leña de roble y se iba amontonando. Durante el tiempo del corte, los carboneros podían bajar al pueblo los domingos, pero una vez que se empezaran a hacer las carboneras, la gente debía quedarse en el monte, turnándose para bajar ocasionalmente, vigilando las carboneras de las que dependían su jornal. La cuadrilla permanecía en el monte desde septiembre hasta mayo o junio aproximadamente.

La construcción de las carboneras consistía en colocar la leña más gruesa en la parte inferior y se iban añadiendo los leños más pequeños hacia arriba en forma cónica. Aproximadamente, las leñeras tenían unos cuatro metros de altura y seis metros de diámetro en la base. La ventilación consistía en dejar una boca libre en el centro para la salida del humo y también se dejaban otras bocas en la parte externa del horno. Una vez que el fuego interior se apagaba y todo estaba quemado, se desmontaba. Se sacaba el carbón y se metía en sacos de unos 100 kilos, utilizando mulas para el transporte. El proceso se mantuvo activo hasta el año 1950 aproximadamente. En la película «Tasio» de 1974 se muestra el proceso de las carboneras (como referencia cinematográfica).

A veces fantaseo con las «inmersiones» en otras épocas, cuando «nuestros sherpas» hablando del significado que estos caminos tenían para muchas otras gentes que los recorrieron. Confieso que me trasladan como si estuviera en una máquina del tiempo. Estas vías formaban parte no sólo de las vidas de los paisanos, sino que eran indispensables en su manera de «ganarse la vida», transitándolos con el ganado, con la madera, el carbón, el comercio entre los lugares,…

Estábamos absortos en esas vidas que transcurrieron sobre estos caminos, cuando… una algarabía de ladridos y chillidos nos transmitió una urgencia desconocida. Parece ser que la montería que se anunciaba el día anterior se prolongaba en esta jornada, obligándonos a desistir de nuestro paseo por el monte.

Antes de seguir, quiero hacer una precisión, escribo las crónicas para que nuestras experiencias en las marchas, no solo las disfrutemos los que participamos, sino que sirvan para difundir la riqueza patrimonial de nuestra tierra.

Tengo que decir que lo que a continuación describo, es una opinión y sentimiento personal que no compromete a la Sociedad Caminera del Real de Manzanares que me permite escribir estas crónicas. Porque personalmente, me parece inaceptable que una minoría de individuos se les permita considerar que el monte solo lo pueden disfrutar ellos, destrozando la poca vida silvestre y biodiversidad que todavía queda. No alcanzo a comprender como 0,6 personas (cazadores) de cada cien, son capaces de imponer al resto de los vecinos su voluntad. Los demás no podemos transitar por los montes, cuando hay cacerías, por los bosques, por los caminos públicos, no podemos disfrutar de la fauna silvestre y tenemos que presenciar la matanza y desaparición de estos animales silvestres, porque unos fulanos, menganos o zutanos, bien relacionados y «con posibles«, imponen a la mayoría de los ciudadanos la extinción de la fauna, la imposibilidad de disfrutar del medio natural al albur de unos mequetrefes que gustan disparar y matar a todo animal que se les ponga por delante.

Bueno, el caso es que salimos por patas, (y no es una experiencia personal sino del grupo) antes de recibir un proyectil o ser arroyados por algún animal en pánico. Nosotros podíamos elegir, las víctimas de aquella cacería, no tendrían esa posibilidad.

Cuando paramos, e intentamos reconducir la jornada, nos encontramos con otros caminos interceptados por los inquietantes sonidos de los gritos de los participantes de la maldita montería, los ladridos de los perros (animales de trabajo), sin derecho a ser tratados como animales que sienten, al ser excluidos de la Ley de Bienestar Animal de 2023; el PSOE, no consideró que todos los perros son iguales en derechos, estos perros de caza son «animales de trabajo» (parece ser que no sienten) los que sienten (parece ser) son lo bolsillos que los que organizan las cazas.

El caso es que nos dividimos en diferentes planes ante la imposición de los cazadores en una jornada en la que pretendíamos disfrutar de nuestro patrimonio y ascender a Cabeza Reina, y que estuvo truncada por la voluntad de unos pocos que parece que siguen mandando en el territorio natural. Es el momento de decir NO, de decir que lo importante no es disparar, sino conservar el patrimonio natural, que este objetivo conlleva más empleo, más bienestar, más biodiversidad, más equilibrio y más futuro para todos.