2026 Zarzalejo, dehesa de Fuentelámparas.
Brrrr, brrrr, brrr, Nuestro amigo el frío Viento del Norte nos recibió con un abrazo demasiado apretado
Nos gusta verlo, pero, a estas tempranas horas mañaneras desdeñábamos su visita, una visita ciertamente anunciada, aunque sorprendía el vigor del viento y del frío.



Por fin Miguel Pascual, dió la señal de salida y partimos raudos para entrar en calor lo más rápidamente posible.
Nos lanzamos con paso apretado para dejar las calles del municipio y comenzar la vista de la dehesa de Fuentelámparas. En el camino, ya más abrigado el paraje olvidamos a nuestro amigo Viento del Norte para centrarnos en nuestros verdaderos amigos, los y las camineras y sus acontecimientos y novedades.

Nos juntamos un poco estremecidos, bajo las capuchas, tiritando; castañeaban los dientes y, a duras penas aguantamos la espera de los diez minutos obligados de cortesía en el mirador de Zarzalejo, bajo la silueta de una antigua grúa ferroviaria utilizada para la carga del granito extraído en las canteras de la localidad.
Por fin, Miguel Pascual dió la señal de salida y partimos raudos para entrar en calor lo más rápidamente posible.
Nos lanzamos con paso apretado para dejar las calles del municipio y comenzar la visita de la dehesa de Fuentelámparas. En el camino, ya más abrigado el paraje olvidamos a nuestro amigo Viento del Norte para centrarnos en nuestros verdaderos amigos, los y las camineras y sus acontecimientos y novedades.


Seguimos por el camino de Zarzalejo a San Martín de Valdeiglesias, pasando por las Aleguillas, dejamos atrás unos hermosos caballos pastando en la pradera, que miraron curiosos el grupo que interrumpía su quietud. Encontramos los primeros vestigios del arroyo Pontezuela y atravesamos el puente que salvaba las vías del tren.
Un poco más adelante, Miguel nos enseñó los vestigios de la típica noria usada para sacar el agua.



Después nos desviamos a la izquierda, abandonando el camino principal.
Entonces, vino a nuestro encuentro Tosca, una joven perrita que hizo las delicias de Hatsune, el compañero cuatro patas de los camineros en la mayoría de nuestras incursiones en la naturaleza.
La mañana se había tornado en un esplendoroso abrazo primaveral, ya no había vestigios de la lengua invernal de las primeras horas del día y nuestro ánimo iba en consonancia con la buena temperatura y la excelente compañía.
A la izquierda del camino que se había convertido en un excelente bosque de galería,
desfilaban ovejas, burros,… sintonizando con el buen estado de ánimo general.
Comenzamos a darnos cuenta de la literalidad de las lagunas estacionales (de momento charcos grandes) que en un momento dado ocasionaron alguna dificultad pasajera en el camino. Hatsune y su nueva compañera seguían ocupados en sus juegos, carreras, baños, en fin, se lo pasaban pipa.




Un poco más adelante, giramos a la izquierda en busca de la posición Prado Mayor del Cerro de la Derrotura. Miguel nos guiaba, porque camino no había, a lo alto se distinguían formaciones graníticas espectaculares, moles de piedra esculpidas por el viento, la nieve, el hielo…
y por fin, se adivinaba el llamado fortín de Prado Mayor, posición republicana del frente madrileño, de esta segunda línea del sector de Zarzalejo, en la contienda desatada por el golpe militar del ejército sublevado al mando de Francisco Franco.
El enclave es espectacular, rodeados de moles de piedra, Miguel nos explicó los detalles del fortín, del transcurso de una guerra que impusieron los golpistas; pero, en una mañana tan primaveral, no podíamos ni imaginar las condiciones extremas que sufrieron aquellos olvidados defensores de la democracia. El sol jugaba con las piedras y sus oquedades, en el presente que, de momento, no sufrimos la imposición de unos pocos sobre la voluntad de todos, nos parecía un lugar mágico, tanto por su posición y la amplia visual de todo el territorio que quedaba a nuestros pies, como por la disposición de las troneras y habitáculos, escoltados por las Machotas al otro lado.
Hay abundante información y vídeos sobre este fortín y las numerosas trincheras, refugios, bunkers y posiciones fortificadas en esta zona. Miguel ha recopilado numerosa información y videos que os facilitamos.





Bajamos del enclave para regresar al camino y, prácticamente a continuación, giramos a nuestra derecha en busca de los vestigios del antiguo molino harinero. Hatsune y Tosca ensamblaron sus correrías al devenir de grupo, otra especie de camineros enfocados en sus entretenimientos; a Hatsune, parecía habérsele olvidado su cojera de “quita y pon”.

En aquel paraje escondido, encontramos el molino de Manuel Santos Ventura, reedificado en 1881, como aparece en el dintel con una inscripción que se conserva.
Escuchamos bajo los trinos de los pájaros y el murmullo de las aguas en su viaje, la historia de aquel molino que todavía impone sus derroteros en aquel rincón de la sierra.
Sobre los molinos hidráulicos de Zarzalejo hay una reseña en la web del ayuntamiento, además, Miguel os ha preparado la información sobre el funcionamiento de los molinos hidráulicos. Molinos hidráulicos
Os dejamos unos pequeños vídeos sobre lo bien que estábamos todos en las inmediaciones del molino.
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Hatsune y Tosca, parecían incansables y hermanadísimos en sus carreras y juegos.
Conseguimos sobreponernos a esa inclinación de perpetuar ese estado de bienestar y reanudamos la marcha para seguir descubriendo las claves de la dehesa de Fuentelámparas. Salimos al camino y, enseguida se nos interponía otro obstáculo líquido, un gran charco impedía que siguierámos el camino ya que no contábamos con ninguna canoa. Miguel nos condujo por un espacio anejo, no sin agua, pero salvable. Observábamos que las pequeñas lagunas estaban habitadas por unas bonitas plantas acuáticas (ranúnculos) y otra serie de vida animal que no divisábamos en nuestra fijación por no meter «la pata en el agua».
Miguel nos ha facilitado un poco de información sobre estas frecuentes lagunas que nos encontramos: lagunas de nava
Volvimos a nuestro camino como «gráciles gacelas»; un poco más adelante, nos esperaban dos preciosos burritos, que salieron a nuestro encuentro de la hermosa pradera donde estaba situados para ampliar su dieta diaria. Hicieron las delicias de los camineros con su actitud amistosa. Entonces, algunos de nosotros notamos un torpe y dificultoso trote. Y, ahí nos dimos cuenta que sus cascos estaban deformados y habían crecido desorbitadamente, suponemos que estuvieron atados, en otro paraje que les impedían acompasar el crecimiento de los cascos con su ejercicio, y ahora, éstos estaban malformados y necesitaban una pronta actuación para no dañar su masa muscoesquelética, si todavía era posible evitarlo. Solo contaros, que en la semana siguiente, yo misma, pedí la intervención de los agente forestales que, en un ejemplo de servicio público y prontitud en las soluciones, contactaron con el propietario, el cual se comprometió a solucionar su situación y llevar a un herrero en estos días. Por mi parte, agradecer la solvencia de los agentes forestales.



Seguimos la marcha, pasando por unas antiguas canteras de Zarzalejo, Hatsune y Tosca, seguían nuestros pasos como unos camineros más incansables. Adelante, cuando iniciamos el ascenso, ya de frente a las Machotas, en el camino nos encontramos con un abrevadero y la fuente del Venero. Luego unas escaleras nos ascendieron hasta el mirador de dónde habíamos partido.
Rematamos la excelente jornada con un piscolabis en el mirador.
¡Hasta la próxima! Todo un placer.






















































