Me cuentan que un silencio estremecedor recorre la vereda desde el puente de Alcántara hasta los Picos de Europa.

Gélido silencio, entre escarchas, sin alondras mañaneras.

Vuelan los buitres en el Salto del Gitano, interpretando danzas sobre un cielo gris plomizo.

La estepa Castellana encoge sus terrones arcillosos, recios terrones , como aquel recio hombre que sus huellas con tanto mimo iba dejando.

Un concierto de aullidos lobunos recorre las montañas, y el macho Alfa con un aullido interminable, decreta un periódo de tregua.

Los pastores están huérfanos, se ha marchado el Pastor de los pastores.

Por fin y a pesar de tanto dolor con que nos dejas, apacentarás los rebaños, en esa eterna primavera.

Alzaré cada noche la vista hacia esos cielos empedrados de estrellas y seguiré la vereda del norte para ver cómo apacentas los rebaños junto a la Estrella Polar.

Poema de “un compañero de vereda”, ilustre pastor también, en añoranza a nuestro querido y respetado Jesús Garzón.

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