El día nos mostraba un cielo gris, sin amenaza de agua. La lluvia caída el día anterior nos había regalado un aroma circundante a tierra mojada, la mañana prometía descubrirnos sus secretos plateados bajo la luz  que proyectaban las nubes con el sol a sus espaldas. 

La marcha la dirigía José Luis Soriano, geólogo de profesión y compañero de Camineros. Nos explicó que el municipio de las Rozas contiene un extenso patrimonio natural bastante desconocido;  tiene 14 espacios naturales protegidos, 8 manantiales y 14 humedales.

Para aquel que tenga interés en profundizar sobre los humedales puede bajarse en Internet, en pdf, el libro Las Lagunas de Las Rozas de Madrid, editado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el Real Jardín Botánico, Centro de Ciencias Medioambientales, el Museo Nacional de Ciencias Naturales y el Ayuntamiento de las Rozas.

https://www.lasrozas.es/WEB_CONTENT/pages/MedioAmbiente/Las%20Lagunas%20de%20Las%20Rozas%20de%20Madrid.pdf

Comenzamos la marcha por un camino dejando la valla del Monte de El Pardo a nuestra izquierda. Vimos algunas flores de jaras ya abiertas, testigos del cambio climático que nos acecha en este invierno sin frío. Los líquenes abrigaban las ramas de los árboles y brillaban en esa luz plateada que nos envolvía.

Nos detuvimos más adelante para que José Luis y Paco Cantos, biólogo y veterinario, nos adentraran en los detalles de la joya que teníamos a la vista: El Pardo.

 

La tapia que cierra el Pardo, era de mampostería de piedra seca de unos 100km de longitud y unas 15.821 hectáreas. Fue un cazadero real, ya desde los Trastámara, posteriormente Carlos I hizo el primer palacio que más tarde se quemaría, quedando actualmente su escudo en una torre. Fue, sin embargo Fernando VI, el que mandó construir la valla para resguardar los dominios reales de sus cacerías a mediados del siglo XVIII. Hay registros de pagos en la guardería de el Pardo por cazar alimañas (zorros, tejones, garduñas, gato montés, ginetas…) para proteger a los conejos. Por aquél entonces se contaban capturas de, hasta 35.000 conejos al año, cuya venta ayudaba a la financiación de la posesión real.

En el siglo XVI todavía se vieron osos, los últimos lobos en el siglo XVIII y las nutrias hasta principios del siglo XX. Actualmente, es ZEPA, zona de especial protección para las aves, y cuenta con varias parejas de águila imperial, también hay  águila calzada, culebrera, azor, ratonero, buitres negros, etc. A pesar de que la población de conejos ha desaparecido. También ha descendido notablemente el número de aves migratorias que descansaban en el Pardo, en toda la península ibérica han descendido drásticamente por el cambio climático, ya migran muchos menos ejemplares.

Como curiosidad, supimos que la Puerta de Hierro, no fue una puerta de entrada Madrid, sino a el monte de “el Pardo”.

Seguimos con nuestro paseo por ese extraordinario bosque mediterráneo hasta pararnos en otro lugar del recorrido, donde José Luis Soriano no explicó los detalles de la formación del terreno y de las arcosas, rocas sedimentarias derivadas de la meteorización física y la erosión de rocas graníticas cercanas que suele tener grano grueso.  Al no ser arcillosa, es buen terreno para andar, montar a caballo, etc,… ya que no se embarra con facilidad.

Más adelante nos encontramos con una puerta que cerraba el camino, la propiedad ha usurpado el camino público y, actualmente, no podemos seguirlo. En camineros luchamos por mantener abiertos los caminos públicos, a pesar de que las leyes actuales, permiten en la práctica la usurpación de los mismos, al recaer la prueba, la defensa jurídica, etc en los Ayuntamientos, demasiadas veces permeables a los intereses de los económicamente poderosos, o, asociaciones como la nuestra, la Plataforma Ibérica por los Caminos Públicos, etc. que no poseemos recursos, frente a los grandes poseedores de fincas que no andan escasos ni de terrenos, ni de fondos, ni de abogados.

A partir de ese punto el paisaje cambiaba, tornándose la mayoría de encinas en grandes masas de arbustos, pero con unas vistas muy reseñables.  La última parada fue para señalar otra puerta que impedía el paso a la finca del Garzo, puesta por la Comunidad de Madrid, en un camino público. Mal ejemplo de una administración que tiene entre sus competencias cuidar de las vías pecuarias y caminos públicos.

Nos dirigimos al cierre de la marcha circular, con alguna incidencia para llegar a nuestra meta, antes de la previsión horaria.

 

En el recorrido nos acompañaron como ya es habitual, los guías de ciegos en montaña en el Grupo de Montaña ONCE, Lourdes y Miguel, con el compañero con déficit visual y Reme, que ya son socios camineros. Trajeron la barra direccional que ya conocemos. Siempre nos admiramos al observar su marcha y su “lenguaje para el deporte inclusivo”. Son una serie de descripciones  que les permiten “leer” el terreno por el que se mueven, para su compañero invidente o con resto visual. Es un lenguaje sencillo y común que les permite realizar, con pies y piernas, el movimiento que necesitan para salvar los obstáculos. Así dicen escalón de subida o bajada, paso largo si desean salvar un obstáculo o pequeño charco, piedra suelta si han de andar por un terreno pedregoso en el que se necesita levantar más los pies, baja cabeza si pasan debajo de una rama de árbol, paso estrecho pegando los brazos al cuerpo y así evitan arañarse los brazos en un paso estrecho, un pie delante de otro en un sendero o lugar muy estrecho, etc.

 

 

 

Como siempre, gente formidable para pasar un buen domingo.

Crónica de Isabel García Benito y fotos de M. José Calvo e  Isabel García Benito
WhatsApp
YouTube
Instagram